LA COMUNIDAD TERAPEUTICA DE PUERTAS CERRADAS
La sociedad rotula al adicto drogadependiente de sinvergüenza y desgraciado porque hace daño por doquier y porque es un dolor de cabeza para sus familiares.
Vemos como la drogodependencia y el alcoholismo deshacen tanto al perverso como al débil y al desprevenido convirtiéndolo en haragán que no puede con su propia vida retrasando, postergando o evitando la rehabilitación.
La drogadicción es una manera ilegítima de acompañar la vida y el alcoholismoes una cruel forma de provocar la muerte.
La adicción es un producto con una amplia variedad de alternativas oscuras y de cuestiones inflamables.
La drogodependencia es una excursión al infierno, es un símbolo que nos muestra cómo el adicto se somete, se agacha y encadena para quedar dentro del sistema de sumisión.
Sabemos que el tratamiento de rehabilitación para drogodependientes se convierte en la excursión hacia el bien absoluto, es el símbolo de la dignidad que nos muestra cómo el individuo descarriado, destinado a un futuro limitado, encuentra dentro del centro de rehabilitación para adictos una maravillosa fuente de conocimientos.
La comunidad terapéutica permite ir más allá de lo esperado. Es la salvación.
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