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TRATAMIENTOS DE REHABILITACIÓN PARA DROGADEPENDIENTES
Europa en su baja y alta Edad Media, en sus etapas de Renacimiento, en el racionalismo y en el iluminismo generó y apañó dando licencias y permisos a esa anticultura, a esa barbarie y salvajismo occidental que se aferró a las adicciones con un desenfreno implacable.
Los familiares del ebrio debieron soportar el deterioro de su reputación mientras enajenado por la ingestión de alcohol repetía a diario sus maniobras osadas y peligrosas.
¿Cuál es la diferencia entre el libertino de aquellos siglos pasados con el drogadicto del siglo XXI?
El adicto siempre fue un rehén y un usurpador que se vio atrapado en medio de sus propias tensiones.
El adicto necesita la tensión; ama la tensión.
Cuando se droga o se alcoholiza, una conmoción se desata, su necesidad consiste en verse involucrado en las más terribles demandas de su propia agonía.
Drogarse es un suceso apocalíptico, alcoholizarse es ir más allá de lo esperado.
Recordemos que los tratamientos de rehabilitación en adicciones existieron siempre y que mientras 60.000 alcohólicos deambulaban por Italia pervirtiendo y ensuciando la estética urbana Lorenzo de Medica bancaba a Leonardo quien, en su propia rehabilitación, escribió más de 15.000 páginas antes de morir.
TRATAMIENTO DE REHABILITACIÓN EN ADICCIONES
Algunas veces trato de imaginarme a nuestros héroes del siglo XIX renegando con aquellos adictos que tenían en sus filas.
Leí repetidas veces que nuestros genios San Martín, Belgrano, Mariano Moreno o Castelli tomaban distancia, criticaban y sancionaban a todos aquellos inadaptados que se esmeraban en ser desagradables.
Se exigía y pretendía la conversión y la reivindicación de los apartidas que llegaban a un mundo prohibido porque se necesitaba tenacidad, valentía y obediencia para la obtención de nuestra libertad e independencia.
En Buenos Aires había trescientos ebrios, vagabundos, desalineados, camorristas, sucios e incorregibles que eran encerrados carcelariamente.
El tratamiento de rehabilitación en adicciones era religioso y militar.
Rígido, severo, disciplinario y reeducativo.
El abandono y la deserción, sinónimos de cobardía, traición e indignidad eran rigurosamente sancionados con una fuerte condena y desprecio social.
Creo que en nuestras propuestas terapéuticas del siglo XXI los tratamientos de rehabilitación para alcohólicos deben ser terapéuticos, contenedores y de abordaje multidisciplinario pero con cierta religiosidad, rigidez y severidad sobre todo en pos de la correcta asistencia y “tolerancia cero” en materia de embriaguez.
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