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15. LA HEROÍNA Para fines del siglo XIX la morfina hacía estragos en toda Europa. Una de las industrias farmacéuticas más prestigiosas encargó a su departamento de investigación de opiáceos la misión de obtener una droga con las ventajas de la morfina, pero que no crease adicción. Así fue como Dreser descubrió la heroína en 1874. Los primeros ensayos se realizaron en 1898 en la clínica de la Universidad de Berlín. Los resultados fueron espectaculares: creyeron encontrar un medicamento que ayudaría a curar la tuberculosis. Así, fue anunciada como la mejor terapia de deshabituación para opiáceos y remedio definitivo contra la tuberculosis. La realidad fue bien diferente. Los pacientes abandonaban el uso de la morfina, pero para caer en las redes del pretendido remedio, la heroína, otra droga más tóxica y a la que cuesta muy poco acostumbrarse. Se necesitaron más de 10 años para que se llegase al acuerdo de denunciarla corno una droga más peligrosa que la morfina y evidentemente contraindicada en la curación de la tuberculosis. China, gran productor de opio después de la penetración anglo-francesa, aprendió con rapidez el proceso de síntesis de la heroína y pagó a Occidente con la misma moneda: de 1910 a 1930, Europa se vio inundada de píldoras de heroína, procedentes de China y comercializadas con nombres como "Dragón de oro", "Tigre mágico" o "Caballo veloz". Años después, con la guerra de Vietnam, entra en el mercado norteamericano. El "yonki" (toxicómano de heroína) compra el producto en forma de polvo blanco, rebajado o adulterado por su proveedor habitual, "el camello", con otras sustancias de similar color y contextura. La forma de consumo más habitual es vía inyectable y más raramente por aspiración nasal o fumada. La heroína inhalada o fumada provoca unos efectos sedantes muy parecidos a los de la morfina. La endovenosa es más contundente. Despliega su acción sobre el sistema nervioso central en tres fases consecutivas, que decrecen en duración e intensidad conforme la adicción aumenta. Las primeras sensaciones "flash" son de placer intenso, semejante a un orgasmo sexual, después, tras pocos segundos, aparece la etapa de total sedación con ausencia absoluta de cualquier tipo de impulso o necesidad fisiológica, o de molestia física, dolor o ansiedad. Durante dos o tres horas el heroinómano permanece "colgado", indiferente, porque todo lo que lo rodea le parece perfecto, hasta que los efectos van desapareciendo, y surge la cuesta abajo, el tomar contacto con la cruda realidad y la necesidad de una nueva dosis para recuperar el paraíso perdido. Este tipo de proceso sólo se produce durante los primeros contactos. Conforme el nivel de intoxicación del individuo avance la dependencia se toma intensa, acabando en una dolorosa necesidad del producto en períodos más seguidos y breves. Y la inyección de heroína termina siendo el medio de evitar el sufrimiento del "mono", es decir el síndrome de abstinencia, con lo cual la droga deja de constituir una fuente de placer para llegar a convertirse trágicamente en una necesidad imperiosa, vital.
LUIS ALBERTO SPINETTA: "Yo creo que hay un método para aliviar el dolor, para evitarlo, para luchar contra él, o bien para sanar. Cada uno debe buscar dentro de sí. Eso es lo único que yo propongo. Dentro de sí y muy profundamente dentro de sí. Porque si yo me inyecto para evitar el sufrimiento, sufro, sufro treinta veces más que si no me inyectara. Entonces, cada uno de nosotros debe buscarlo dentro de sí. Esas razones están profundamente escritas dentro de la conciencia de cada uno." |
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