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CAPITULO II
CAUSAS
DE LA DROGADEPENDENCIA
FACTORES DETERMINANTES
QUE PUEDEN INFLUIR EN LA EXPERIENCIA DE LA ADICCIÓN
Es muy difícil determinar el origen de este problema en
nuestro país, como fenómeno de masas.
Tendríamos que remontarnos al año 1966 aproximadamente, cuando
se da la aparición de los hippies en Estados Unidos.
En nuestro país se forma un movimiento de jóvenes que reinterpreta
los valores, en la música, las drogas y una vida alejada
de las estructuras sociales imperantes, conformando así una nueva subcultura.
Posteriormente, (década del 70) y ante al ausencia de alternativas de
participación en la juventud, se produce un incremento en la drogadependencia,
llegando en la actualidad a niveles masivos.
El drogadicto tiene una personalidad hábil que
lo predispone a llenar ese vacío existencial, detectado y padecido en
su propio ser, con algún tipo de evasión: la droga es
una de las posibilidades.
Hay, por supuesto, muchas motivaciones; en la familia, en la sociedad, en cada
uno de los adictos que
generan conductas de autoagresión y se concretizan con este tipo de coqueteo
con la muerte.
Si bien el consumo tiene profundas consecuencias biológicas,
los factores que más influyen en su consumo son de orden
psicológico, social, afectivo y cultural. En muchos casos
un factor que incide es el bajo nivel de autoestima (no niego que, como el primer
cigarrillo, la curiosidad, el afán de hacer experiencias los lleve el consumo
de drogas), pero un individuo con altos niveles de autoestima tiene
y busca otro tipo de experiencias.
Los que tienen pocos recursos en el orden humano, artístico, espiritual,
político, estético, etc., suelen caer con más facilidad
en este tipo de excesos.
Cuantas más carencias, sufrimientos, necesidades, falta de proyectos vitales,
grupales, comunitarios, políticos, etc., más necesidad de evasión.
Hay que darle una nueva visión al abandono y al semiabandono, esto entre
otras cosas depende de cantidad y calidad de dedicación hacia y en relación
a ciertas cosas.
La drogadicción refleja una pérdida de confianza
en el ámbito mundial, una epidemia internacional de angustia y de desmoralización
que se está "tratando" con la intoxicación en
masa.
Yo diría que el adicto es víctima del
sistema, la familia y la sociedad, y que las causas más comunes que originan
la adicción son crisis de identidad, familia disfuncional,
influencia del grupo de pares (predominio de adicciones en
el vecindario y/o en el colegio), retraso o fracasos escolares, insatisfacción
cotidiana, hastío, impotencia, frustración, marginación social,
complejos, etc., etc.
Creo que hay tres elementos interrelacionados en la adicción:
uno es el individual, personal de cada uno de nosotros y es
por eso que ante un mismo estímulo reaccionamos de manera distinta, de
acuerdo con nuestras características y acorde al momento y etapa que estamos
atravesando.
Otro aspecto es el familiar (comunicación, afecto, ejemplos,
educación, etc.) y un tercer aspecto es el social, que
también tiene mensajes, formas de proceder que imprimen a la familia y
al joven, ya que éstos no viven aislados de ese sistema social.
Estos 3 elementos sólo los separamos para su estudio, ya que interactúan
y están constantemente presentes en cada paso puntual de adicción.
Si trabajamos sólo 2 aspectos (personas y familiar), dejamos fuera un
muy importante tema que es el social.
En todo país hay cierta cantidad de adictos porque
no hay posibilidades de realización personal ni colectiva.
Entonces, el joven, ¿dónde deposita sus esperanzas, su energía,
dónde y cuándo concreta sus sueños y proyectos?
Mediante la adicción el individuo intenta cambiar su
percepción de la realidad y todo cuanto antes era tan doloroso, deja momentáneamente
de serlo y "está todo bien". No quiero olvidarme
de considerar además que la presión que sufre el individuo hoy no
es la misma que décadas atrás.
La drogadicción es un método de escape psíquico.
No aparece es un determinado momento porque sí, sino que hay conductas
adictivas desde la infancia.
La "locura" puede ser voluntariamente buscada porque estimula (yo diría
distorsiona) la creatividad y permite, sobre
todo, alcanzar un temple inefable en el que se tiene la ilusión
de superar conflictos internos.
Además el consumo de drogas es el instrumento a través
del cual la juventud canaliza su espíritu transgresor. Ante la indiferencia
o el rechazo del conjunto, el joven transgrede por medio del consumo
de drogas.
CAUSAS FAMILIARES
Es importante tener en cuenta la fuerte crisis que sufre el sistema familiar
en nuestro país con respecto a la relación padres e hijos,
en especial, en el juego que se provoca entre la autoridad y la libertad
que se transforma en libertinaje.
Otro de los factores importantes es el actual problema económico
en la familia, lo que ha provocado que muchos padres y madres trabajen
de sol a sol, a fin de obtener el sustento necesario para vivir, dejando
en situación de desamparo a los hijos.
-Niños abandonados con una carencia total de afecto.
-Hogares disociados en el ámbito familiar, donde el joven no encuentra
respuestas a las distintas etapas de maduración.
-Malos tratos y castigos corporales.
-Vida y vagabundeo a corta edad.
Todo incide en una anormal estructuración psíquica de la
persona que la predispone a entrar en el mundo ilusorio de lo permisivo
y de las drogas.
-Padres separados.
-Ausencia de modelo paterno/materno.
-Rechazo o indiferencia de los padres.
-Sucesivos fracasos escolares.
-Desilusión afectiva profunda.
-Pérdida o ausencia de la fe religiosa.
-Otros conflictos.
Debemos tener claro y presente que los hijos no pueden cargar con las
faltas de los padres.
Vemos que desde la familia, muchos jóvenes carecen de contención
afectiva y de un modelo en el cual reflejarse; ya adolescente se ve desbordado
por un torrente de inquietudes a las que no encuentra respuesta.
La disolución de la familia es causa y consecuencia del desmembramiento
del tejido social.
La mayoría de los adictos en tratamiento con
los cuales trabajé y sigo trabajando, puntualizaron y narraron
con lujo de detalles sus problemas de comunicación
familiar, que parecen simples, pero no lo son.
El canal de comunicación está cortado. Cabe aclarar en
este estadio, que no se trata solo de hijos de padres separados. En muchos
casos el padre está pero es como si no estuviera.
También se habla de madres sobreprotectoras que no le permiten
a su hijo ser él mismo, formar su proyecto de vida.
En verdad, los pacientes, los adictos en recuperación,
suelen carecer de un proyecto vital que es lo que nos permite vivir diariamente
con la idea de qué queremos de la vida.
Los adictos viven todo en presente y con sus familiares
inmersos en la problemática (hay una inducción al consumo
de drogas, sin saberlo). En este tipo de familias suele ser importante "el
botiquín", se automedica frecuentemente y ante cualquier situación
se resuelve todo con una pastilla. El chico aprende esta modalidad desde pequeño.
No obstante, en familias numerosas producen dudas estas teorías: ¿Por
qué solo uno de los hijos es adicto?
Aquí confluyen las causas individuales.
Hay una predisposición individual tanto psicológica cuanto
biológica que hace que los factores sociales
y familiares puedan ser asimilables para así concluir en una adicción.
Volviendo al tema, creo que si un matrimonio regula su vida con medicamentos,
eso explica como sus hijos recurren a la automedicación e
incluso hasta la posible adicción.
No es tan difícil entender que un joven busque resolver los reacomodamientos
sociales de la etapa brava de la adolescencia con la misma actitud que
sus padres.
Las "pastillas" no solo se venden libremente, sino que se despliegan
grandes campañas publicitarias, agregándose una leyenda
sobre consulta médica que casi ni se lee.
El mensaje es que "hay que consumirlas", por eso se las asocia
con bienestar y éxito.
A veces suele también suceder que el adolescente, en pleno crecimiento
y evolución va encontrando cambios hacia relaciones de índole
más adulta que implica individuación respecto de la familia;
esto puede generar pánico parental y preparar la escena para una
conducta adictiva posterior.
Otros problemas relacionados con el ciclo vital merecen atención:
Si un progenitor pierde el empleo o se jubila, el efecto puede
ser catastrófico en determinadas familias. El progenitor que no
trabaja puede volverse débil, ineficaz, deprimido e incapaz de
disciplinar u orientar adecuadamente a sus hijos. El conflicto entre
los progenitores suele aumentar.
El adicto interactúa dentro de un contexto,
afectándolo y siendo afectado por él.
CAUSAS SOCIALES
Por lo general, estos jóvenes, adolescentes y niños son víctimas del
desamor que los rodea, y cuando tratan de compensar con el consumo
de drogas el drama que los tortura, se instala en su interioridad
la culpa personal y social que los margina del medio
ambiente: Así, la soledad los envuelve de tal manera que ellos
se transforman en "solos acompañados", "indefinidos" y "sufrientes".
Nuestra población juvenil se enfrenta así a una sociedad
que le presenta modelos de vida netamente consumistas, a partir de los
medios de comunicación social que los van llevando
progresivamente, a una masificación y a ver todo a través
de los sentidos y el placer, perdiendo al visión del futuro y
viviendo un presente irreal.
Esto trae como consecuencia un vacío existencial, la carencia
de un proyecto de vida concreto (una actividad interior que consiste
en tomar conciencia de la realidad, buscar la verdad, reflexionar, elaborar
experiencias, brindar amor profundo, crear orden y belleza, meditar,
contemplar... ) Otro factor importante es lo que podríamos denominar
aspectos inhumanos de nuestra sociedad, por una parte dominada económicamente
por las grandes potencias que condicionan todo progreso y crean una situación
de dependencia (económica, política, cultural,
etc. ) y otra parte política y socialmente disgregada con fracturas
internas, diferencias de clases, con grupos privilegiados y otros marginados.
Esta situación de subdesarrollo en la juventud genera diversos
tipos de problemas:
La gran deserción en los distintos niveles de educación.
Desempleo y subempleo, llevando a los jóvenes a vivir esa doble
situación de falta de
medios económicos y la búsqueda de trabajos independientes,
sin posibilidades concretas
de futuro.
La poca o mala utilización del tiempo libre y en algunos casos
de carencia del mismo.
Así se van gestando en el joven la búsqueda de salidas
fáciles, muy relacionadas con la
delincuencia y el escapismo. (Hedonismo y drogas).
Además es importante tener en cuenta como la gran ciudad va llevando
al joven a un marcado individualismo que, unido a las pocas opciones
comunitarias, llevan a un marcado estado de soledad.
Sin olvidarnos del factor religioso, es importante tener en cuenta la
gran ausencia de Dios en nuestra sociedad, marcada por una concreta tendencia
que trata de segregar los valores trascendentales.
Leyendo el libro Jesús y las drogas, rescato
lo siguiente: "Quizás las crisis que hoy vivimos y que puede
llegar a ser el mayor problema de nuestro tiempo, es
el vacío de valores trascendentales capaces de motivar nuestra
conducta hacia fines superiores a nosotros mismos".
Por eso es que tanto la drogadicción como el
narcotráfico son problemas sociales,
políticos y económicos.
Problemas que se producen, como anteriormente explicaba, cuando
una sociedad valoriza el consumo de bienes materiales por
sobre los valores morales y éticos, desestimando por ejemplo el rol
creativo y formador de la familia.
La marginalidad, la carencia de salidas laborales, la
falta de ejemplos motivadores, constituyen el caldo de cultivo para que
la juventud se desoriente, se frustre y tome por caminos equivocados.
Además el doble mensaje constante en los cortos publicitarios
que por un lado te dicen que tenés que ser bueno y por el otro,
que se es bueno consumiendo "esto".
Retomando el tema de la frustración sabemos que cuando aparece
incierto o bloqueado el camino mediante el cual, el joven está llamado
a ser motor de los cambios sociales, cambiar la percepción
de la realidad a través del consumo de drogas puede
significar "una salida".
El sentimiento básico es la frustración social.
La falta de oportunidades para su realización.
Se pasó de una cultura de trabajo a otra de especulación.
En esta sociedad de consumo, todos somos consumistas.
Esta sociedad nos impuso consumir, ya sea ropa, música, un estilo
de vida, marcas de automóviles, etc.
En los factores sociales, hay una presión en
la sincronización cultural: TODOS DEBEMOS CONSUMIR LAS MISMAS
COSAS.
Esta pasión produce influencias en el medio. Hasta hace poco,
se emitía una publicidad de chocolate cuyo slogan decía: "Es
un pico de sabor". "Pico" es una palabra del lenguaje adictivo (significa
inyectarse) y el chocolate de alguna manera, incitaba a eso. (?) Por
otro lado hay mensajes contradictorios que inducen a la adicción: "Fume
tal cigarrillo y será un héroe" y luego sugieren y
advierten que es nocivo para la salud. Estos elementos a cierta edad,
producen una gran confusión.
En la adolescencia no se pude aún distinguir con exactitud qué está bien
y qué está mal.
Si seguimos la cadena televisiva, primero ofrecen consumir golosinas
(que engordan) para luego seguir con el consumo de gotas
o pastillas que le darán buena figura.
La marginación es otro factor social que conduce
a la adicción y a la no recuperación.
Si el adicto recuperado no consigue trabajo,
sus amigos se alejan de él por miedos y prejuicios personales
además de advertencias familiares, ese ex adicto se
siente solo, aislado, despreciado, incomprendido y eso favorece la
reincidencia.
Una vez, un sacerdote amigo me trajo un material muy interesante, unos
escritos y reflexiones de Martín Aberg Cobo, quien entre otras
cosas dice que la injusticia social es la primera y
más grave delincuencia, generadora de muchas otras delincuencias.
Gran parte de los adictos-delincuentes provienen
de familias que viven en condiciones de grave necesidad, con una inseguridad social y
económica profunda.
Ellos no nacieron siendo adictos o delincuentes,
se han hecho o los hemos hecho.
Las graves desigualdades económicas existentes marcan la ausencia
de igualdad de oportunidades para todos. Así, en zonas (yo agregaría
en todo el país) donde no hay empleo, ni servicios sociales o
culturales, el delito se ha convertido en el más triste y peligroso
empleo; y yo agregaría: delito acompañado por drogadicción, alcoholismo, violencia
familiar, etc.
Analizando los falsos ideales de vida, debemos reconocer que grandes
sectores de nuestra
sociedad se mueven por unos principios falsos; la supravaloración
de los bienes materiales, existe sed insaciable de riqueza, se destruyen
irresponsablemente valores ético-morales, se incita por todos
los medios a la posesión de bienes de consumo,
se crean artificialmente muchas necesidades difíciles o imposibles
de satisfacer, se considera un triunfador a la persona que conquista
el poder por cualquier medio, se infravaloran y desprecian los valores
espirituales, no se respeta ni se estima debidamente a la vida, se llega
muchas veces a justificar la violencia, se aumenta un egocentrismo brutal,
se exalta una sexualidad alienante y egoísta, y se rompen los
lazos de la solidaridad ciudadana, aún de la misma vida familiar.
Además se detecta una falta de moralidad y de ética profesional
en todas las esferas y a todo nivel; entidades que consiguen ganancias
exorbitantes, abusos de poder, corrupción pública,
los falsos profetas, los profetas de calamidades y los de una libertad
falsa y egoísta.
También es desalentador el papel que juegan algunos medios de
comunicación social, oficiales y privados cuando
hacen propaganda de una amoralidad que crea condiciones favorables para comportamientos
adictivos y delictuosos.
Retomando el análisis de lo que llamamos el materialismo y el
consumismo, vemos que el dinero y "el tener", se convierten
en un factor de poder que cubre con su sombra a las nuevas generaciones
que crecieron junto a una población con cada vez mayor número
de carencias, transformado así a la miseria en una condena, sabiendo
quienes son los que siempre se aprovechan de nuestra angustia y desorganización.
Nuestra sociedad lleva de manera permanente la exigencia del consumo,
vinculando estrechamente la felicidad con la tecnología moderna
y a su vez es incapaz de cubrir las necesidades básicas de más
de la mitad de la población.
El culto al individualismo, a las soluciones rápidas, a la usura
y las respuestas que nacen de la sociedad institucional no nos resultan
suficientes. ¿Cómo es posible que la grandes y supuestamente
libres naciones tengan entre sus ciudadanos tantos depresivos,
tantos desesperanzados?
Evidentemente sus montañas de papel dinero, chequeras, sus paraísos
de confort artificiales, su atracón en el mercado de consumo les
produce indigestión no sólo física sino psíquica.
El hastío los obliga a buscar paraísos artificiales.
Uno de los caminos válidos para combatir la problemática
de las adicciones es "Una guerra contra la pobreza" (Javier
Pérez de Cuéllar). Yo ampliaría el tema hablando
de pobreza material y pobreza espiritual.
La tendencia a movilizarnos hoy no cuenta con ninguna dirección,
ni acertada, ni equivocada.
No existen los elementos masificadores que tuvieron otras generaciones.
Por el contrario, somos parte de la fragmentación que vive nuestra
sociedad por la situación económica en la que se encuentra
y por la modificación de diferentes pautas culturales que en ella
están cambiando.
La mayoría se nuclea en pequeños grupos
e intenta hallar diferentes elementos de identificación. (Desde
la carencia de identidad propia para con el conjunto).
Con el amontonamiento de ansiedades individuales, paradójicamente
se predica el "Dividir para reinar"... Como siempre ocurre, la disociación
desemboca en exclusión.
Remarco nuevamente, que las drogas entre los jóvenes
no son otra cosa que la salida más peligrosa
ante la imposibilidad de incorporarse a una sociedad cuyas pautas son
tan rígidas y condicionantes que provocan en el joven el deseo
de escapar.
Los jóvenes avizoran destinos personales inciertos y ni siquiera
vislumbran un destino colectivo que prometa posibilidades de realización.
El campo está sembrado con frustraciones, injusticias, sometimientos
y fracasos.
Ante la falta de un destino colectivo más digno que el actual,
vamos camino a padecer no sólo el problema del consumo
de drogas sino todos los problemas que sufren
las sociedades en decadencia.
Difícil será sacudirse esta condena histórica
que nos confina a una modorra perpetua.
Porque el fenómeno de las drogas en la actualidad,
se inserta en ese período denominado post-modernismo, según
el cual hay que vivir el momento sin pensar en un futuro que no llegará y
que permite todas las licencias imaginables para este presente vacío
de ideas.
Recuperemos el sentido heroico de la vida y descartemos todo tipo de
anestésicos sociales, se llamen éstos cocaína, psicofármacos,
modas, ideologías o limitaciones económicas.
Hay un nuevo sujeto que debemos ser. Ese nuevo sujeto que guíe
su vida con los ideales que revertirán la injusticia, la marginación
y el desamparo. Sin adormecerse.
Sobreponiéndose a mecanismos de adaptación que, como
las drogas, solo sirven para impedir nuestro crecimiento
y refrendar nuestra resignación.
"No a las drogas" significa levantar la
frente y avanzar en un proyecto de vida, que se convertirá en
un destino colectivo si logramos sacar a la superficie ese imaginario social que
hoy permanece subyacente y sin oportunidades para manifestarse. Sólo
así entenderemos la consigna.
Hagamos de nuestras vidas un acontecimiento, algo que valga la pena;
entonces nuestros sueños no dependerán de los efectos
producidos por ningún artificio.
Recordemos que nadie se realiza en una sociedad que no se realiza.
¿Qué se hace acaso con los drogadictos,
con los delincuentes, con los que contagian, con los locos?
Cada "cosa" en su lugar, siempre preservando la higiene,
la pulcritud y la honorabilidad de una sociedad que solo ve las calamidades
en el otro y que recluyen a los más débiles quizás
para no observar de cerca sus propias miserias.
Cada sociedad tiene el problema de drogas que
se merece.
El ansia de drogas es intrínseco a nuestro
estilo de vida moderno; es algo ya incorporado, como la electricidad
o la contaminación del aire.
Sabemos que el medio en el cual nacemos y nos criamos es parte integral
de la cultura que nos rodea; cultura que inventó la cirugía
estética, la ingeniería genética, los antibióticos,
los teléfonos, los viajes en avión y miles de otros brillantes
atajos hacia el paraíso artificial.
Nuestra incontenible ansia cultural de adicción es
sobrada evidencia de este simple hecho.
¿Cuál es la situación del sistema?
El sistema lo que hace es perseguir el efecto y no la causa.
Como cuando quiere arreglar a un chico con trastornos de conducta y
lo manda a un reformatorio para que se "transforme". Al
psicótico lo coloca en un hospicio, pero para terminar de aislarlo
y que
elabore su delirio porque queda abandonado y justamente
porque tuvo abandonado es que se volvió loco.
El sistema hace lo siguiente: Cuando alguien tiene una hemorragia le
extrae la sangre es decir, hace totalmente lo contrario de lo debido.
Rompamos, para terminar, con aquel viejo mito que sostiene que las drogas son
territorio exclusivo de los vagos, hippies, músicos de rock,
adolescentes, bohemios y los lúmpenes.
Conocí (trabajé ayudándolos a rehabilitarse)
a empresarios, comerciantes, políticos, todos pulcros, prolijos,
afeitados, pelo corto, saco y corbata, la mayoría consumidores de cocaína,
la cual, según ellos, los ayuda a prosperar
en el ambiente enloquecido de la ronda de los mercados, el consumismo
y la especulación.
Estoy convencido de que el poder del sistema, avasalla totalmente y
se apropia de los sujetos de los cuales se sirve.
También creo haber llegado a la conclusión de que la
burguesía no detesta ocuparse de lo social en
un plano teórico, pero jamás está dispuesta a
pagar con su persona.
A veces creo que cualquier poder está llamado a degradar a los
seres sobre los cuales se ejerce. Pero sólo se comprende plenamente
esto cuando da su espectáculo, procurando en la ocasión
la complicidad de un público: entonces desemboca con toda naturalidad
en el sadismo.
Por eso es que es muy triste ver un universo sin puntos de referencia
habiendo transcurrido la vida hasta entonces al amparo de un interior
que daba seguridad.
¿Cómo reconocerse en un mundo sin rostro, donde continuamente
se tropieza con puertas cerradas?
No es propio de todo el mundo el saber tomar distancia en relación
con el sistema y atreverse a enfrentar el propio miedo.
Pero se puede, por el contrario, iniciar el proceso de todos los que
dejan perpetuar el sistema: los que evitan sumergirse en el horror
de lo cotidiano, alienante.
Años atrás me sedujo Leary proponiendo con sus criterios
filosóficos existenciales:
"Hacerse a un lado, automarginarse", ya que la sociedad estaba
podrida, se requería dejar que se desmoronase, escapar de ella,
vivir al margen de la misma y organizar circuitos paralelos.
Esta era la filosofía "flower power" y el auge de
las drogas en 1965.
"Haced el amor y no la guerra, somos todos flores, abracémonos".
El amor debía hacerse en medio de una especie de éxtasis, LSD y
sexualidad, en el cual el más puro sentimiento se confundía
con el placer más maravilloso.
Esta búsqueda, algunos sostienen que nada tenía que ver
con el libertinaje, tal como querían hacer constar los espíritus
obtusos.
Se asentaba sobre una metafísica elemental, en la cual se mezclaban
Rosseau, Thoreau, el panteísmo oriental y el cristianismo. Fusión
de criterios y reflexiones filosóficas (y religiosas), de Srila
Swami Prabuhphada, Ginsberg, Dylan, Nietzsche, Tolstoi, Ghandi, Luther
King, etc.
Se atrevieron por primera vez en nuestro mundo actual judeo-cristianismo
a cuestionar la familia como tal.
De ello surgió una nueva concepción del grupo,
otro enfoque de la sexualidad, la pseudo emancipación de la mujer.
"No queremos atesorar, queremos vivir todo inmediatamente intensamente,
'aquí y ahora".
Estaban en contra de utilizar el aprendizaje del pasado, de utilizar
el presente trabajando para garantizar la seguridad económica
del porvenir.
Al rechazar los hippies el modo de existencia y las lecciones morales
de Occidente, echaban luz sobre su inevitable decadencia.
En efecto, ¿Quién creía aún
en valores a los cuales los adultos brindaron una adhesión fingida?
El viejo mundo Victoriano estalló en pedazos con su puritanismo
e hipocresía y cada uno anhelaba disfrutar de la fiesta.
Pretendía constituir un saludable despertar crítico.
Si los individuos no ven más que un cuadro abstracto de existencia
que uniformiza y trivial iza, serán prensa entonces del primer
totalitarismo que se presente.
Ahora bien, lo que pasó y pasa en Occidente no incita para nada
al optimismo.
Las ideologías cuentan menos que la alienación que engendran.
¿Cuál es el costo que debemos pagar por levantar telones con
escenografías donde aparecen los valores de una vida que nos ofrecen
(lo que muchos dicen que debemos tener) y otras que amanece con nosotros todos
los días, que nos obliga a disfrutar entre modelos impuestos y la desordenada
búsqueda de nuestra propia identidad?
Ese modelo del joven sano, productivo, maleable, moderno, termina siendo
un modelo alienante que nos obliga muchas veces al aislamiento, a la
mediocridad, a la traición o al silencio a cambio del "privilegio
de pertenecer".
Por eso es importante siempre recordar que además de la familia,
también son cruciales los determinantes económicos, sociales,
ambientales y condicionantes.
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