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CAPITULO I
DROGADEPENDENCIA
Drogadicción es la unión de dos palabras: Droga y Adicción.
La adicción a las drogas, también llamada drogadependencia o toxicomanía,
es un estado de alteración, a veces de intoxicación,
provocado por ingestión (o sea el consumo)
de una o varias drogas.
Personalmente soy de los que consideramos a la drogadicción como
una enfermedad y no como un vicio.
Adicción es un hábito tan arraigado que produce dependencia de
algo o compulsión a hacer algo.
Toxicodependencia significa ser dependiente de un tóxico
y no poder prescindir de éste.
Naturalmente hay grados de dependencia: Uso, abuso y dependencia.
El camino hacia la dependencia pasa primero por el uso, luego
por el abuso y así llegamos a la drogadicción,
que es un fenómeno de nuestra época, está entre nosotros
y va "in-crescendo" diariamente.
Es uno de los grandes males actuales que aqueja a la humanidad.
La drogadicción es una patología social,
porque, como tantas otras patologías, afecta a muchísima gente:
a los adictos y a sus familiares, su entorno laboral y no
laboral. (Amigos, vecinos, compañeros, profesores, etc.) Es un problema social,
político y económico.
Es social en la medida en que afecta a gran parte de la esperanza
de los pueblos, sobre todo de los jóvenes.
Incrementa y acelera el deterioro de muchos de ellos. Es sabido que muchos de
los placeres inmediatos, a la larga producen en mayor o menor grado un deterioro.
Además es un problema social en la medida
que tomamos como parámetro la injusticia social que hace
que haya gente que no pueda visualizar su futuro, proyectar un futuro de vida.
En los jóvenes de clase alta encontramos el hastío: tener todo
al alcance de sus manos (materialmente hablando) y buscar "nuevas sensaciones".
Es político porque va en desmedro del bien común, puesto que no ayuda a
vivir la búsqueda de la vida solidaria.
La drogadicción colabora en la desensibilización social de
los jóvenes; la droga es un elemento de evasión,
de evitar enfrentar conflictos que la persona no enfrenta en forma directa y
coarta el interés social.
El efecto político del consumo de drogas es
que quien las ingiere se evade de la situación de "aquí y
ahora".
La juventud drogada encuentra su alejamiento
de la realidad cotidiana, se va alejando de la conflictiva social,
(esa puede ser una intención política); drogándose se
evade, de esta manera quizás no se queja ni organiza, es un sometimiento
efectivo.
La drogadicción, en cuanto pasa a ser una forma de comercio
establecido desde un modelo capitalista de producción, pasa a ser un elemento
de consumo. En consecuencia es un fenómeno de mercado
y tiene connotaciones de tipo empresarial. A veces creo que la drogadicción cumple
hoy en nuestra sociedad la misma función que cumplió el opio en
China, o el alcohol en la dominación del indio.
La dependencia individual se fue convirtiendo en un fenómeno
de dependencia social y política.
¿Qué consumir?
El uso está dentro del consumo.
Usar o consumir drogas lo hacemos todos de alguna manera. Drogadicción es
no poder dejar de consumir la o las drogas en forma sistemática.
Vivir para las drogas; el adicto se
plantea sólo dónde y cómo conseguirlas; su vida está centrada
en ese tema.
La dependencia es requerida por sus usuarios para su confort
psicológico (muchas veces no logrado). Y sufren trastornos y efectos
desagradables una vez suspendido el consumo: son en realidad
grandes manifestaciones de ansiedad y/o depresión. En
las últimas décadas, la edad de iniciación ha descendido
y hoy el grueso de los jóvenes adictos ha comenzado
a drogarse entre los 11 y los 13 años. Se han detectado
también abundantes casos de niños adictos a
los inhalantes de 6 u 8 años de edad. Creo importante
destacar que el problema del consumo de drogas no
lo crean los jóvenes. Ellos solamente lo sufren.
Somos los adultos los que creamos el problema y entre todos
debemos enfrentarlo.
Existe un estereotipo adictivo que se vincula con la juventud
pese a que no es patrimonio de los jóvenes. Sólo basta ir a un
geriátrico y ver como medican en demasía a los ancianos; así descubrimos
que hay también para ellos una forma de tenerlos horizontales para que
no molesten y ahí cabe hablar del control químico que hay sobre
una persona.
Si nos preguntamos cual es la adicción (en materia de ingestión de
sustancias) más corriente en Argentina, tendríamos que hablar del
tabaco, del alcohol, luego de las drogas legales
y recién después de las ilegales.
Los medios de comunicación le dan protagonismo a las ilegales,
especialmente con lo que sucede en Colombia, Bolivia, etc.
Están reproduciendo un discurso geopolítico que se genera en E.
E. U. U. y atraviesa toda América Latina.
De igual forma, se trata de demostrar que la juventud está enferma, que
una vez más es portadora y difusora de los males que corroen los cimientos
de ésta "noble" sociedad.
Ayer nomás, la sospecha era política y todo joven podía
ser potencial subversivo. Hoy es un potencial drogadicto.
Rara vez, los medios de comunicación abordan el tema en toda su extensión
y complejidad y no circunscribiéndolo a los jóvenes.
En Argentina, el éxito en materia de cómo se combate la
drogadependencia solo se mide en kilos secuestrados y en cantidad de
detenidos. Evidentemente eso solo no significa enfrentar el problema de la
drogadependencia.
La adicción testimonia una crisis de civilización;
es por eso que va al extremo, como un reto cara a cara con la muerte.
Los drogadictos organizan más su dependencia y
la cultivan: instalan un jardín secreto en un mundo aceptado.
Toda esa gente que en voz alta condena a los drogadictos, ¿no
abusa ella también de los productos farmacéuticos?
Todas las mujeres que ingieren 4 o 5 veces por día píldoras
para adelgazar y pronto se sorprenden de estar irascibles, nerviosas,
deprimidas, etc. Todos aquellos que tragan somníferos,
a la mañana toman otros medicamentos para sentirse bien, otros
en el curso del día para mantenerse en forma. ¿No están
en dependencia al igual que los drogadictos de
sus drogas?
Y que decir entonces de los alcoholistas, no solamente
los borrachos declarados que son tratados (constituyen
sin duda el flagelo principal de nuestro país). Sino los que beben
regularmente o bien los fumadores empedernidos, son
tan drogadictos como los otros; por lo menos
en muchos aspectos aunque quizás no en todos.
La toxicomanía se diferencia de otras enfermedades,
vicios o hábitos por su legalidad o ilegalidad.
Es lo más común que del producto ingerido esperemos mágicamente,
un sentimiento de agrado, de bienestar interior y haciendo esto consolidamos
sin cesar nuestra dependencia.
Como dijimos, la drogadependencia es, entre otros, un problema social y
se encuentra proyectada en la vanguardia de la actualidad. Siendo un problema social,
estaría expresando sintomáticamente la problemática
de la sociedad.
Generalmente se prohíben las drogas que impiden
trabajar productivamente. Un alcohólico moderado
puede trabajar y sociabilizar, entonces se lo admite socialmente. La
drogadicción fomenta la corrupción y una generalizada
inobservancia de la ley. Produce violencia, robos, arrestos, intensos
picos emocionales, períodos de desesperada ansiedad y muchas veces
muertes por sobredosis.
Algunos entienden que la m Guerra Mundial no será entre naciones
sino entre la sociedad y las drogas y que esa guerra
ya ha comenzado.
El consumo de drogas también es nuestro problema;
es problema de todos, porque amar es querer que todos
los hombres sean felices.
El slogan "No a la droga, Sí a la vida",
tiene una expresión más profunda y activa de: "No al
egoísmo, sí al amor", porque las drogas son
producto del egoísmo, y el amor, que es Dios, es fuente de vida.
REALIDAD ARGENTINA EN MATERIA DE DROGADEPENDENCIA
Recordemos y asumemos que también es un problema social porque
denota que hay gran cantidad de gente que carece de salud mental,
que se está autolesionando, autoagrediendo.
Ante la ley no es lo mismo un drogadicto que
un alcohólico. Hay tóxicos prohibidos
y otros que no lo son. (Ver capítulo "Drogas").
Yo puedo andar por la calle con cuatro botellas de whisky y nadie me
detiene por eso, pero si me las bebo me puedo morir. Por otro lado, si
me fumo un cigarrillo de marihuana no me muero
pero sí me detienen.
Son las contradicciones del sistema.
Una vez leí que Yaría había dicho en 1989 que se
estimaba que en nuestro país había entre 30. 000 y 50.
000 drogadictos y unos 300. 000 consumidores.
También leí reiteradas veces que en Argentina hay 2 millones
de alcohólicos y 1 millón de bebedores
excesivos y que uno de cada 3 argentinos usa tranquilizantes con efectos adictivos.
¿País de tránsito o país de consumo?
Ambas cosas.
La Argentina se está utilizando como base y/o lugar de paso para
enviar drogas hacia los principales mercados. Esta es
una realidad que no podemos desconocer.
Durante mucho tiempo se dijo que éramos un país de tránsito
relativo pero actualmente se debe hablar de grandes desplazamientos.
Argentina es un país "afectado por las drogas",
ya que todo territorio por donde las drogas circulan absorbe
un porcentaje para uso interno, así que si hay tránsito,
hay consumo.
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