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CAPITULO VI
¿Qué hacer?
Creo que, ante todo debemos tratar de evitar la sobresaturación
de consejos.
A) No
segregar al adicto.
Si la gente tuviera en cuenta que drogadicto no es el que quiere,
sino el que reúne diversos factores (problemas familiares,
personales y sociales), evitaría la espantosa marginación
que produce con los adictos.
Es como temor al contagio: "No estés con aquel que es un drogadicto".
Si una persona no tiene predisposición a la adicción,
por más que éste con adictos, no se convierte
en uno de ellos.
B) Informarse
bien e informar a los jóvenes Que el joven no pueda reprochar
a sus mayores por omitirle información o por no tratar adecuadamente el
tema.
Algunos drogadictos suelen decir: "Ah, si hubiera
sabido los riesgos y el deterioro de esa forma de vida, no hubiera jamás
probado ni empezado".
Con esto quiero decir que El hogar y la escuela deben brindar una información
veraz, profunda y honesta sobre la drogadependencia, sin dejar
de lado los aspectos psicofísicos y éticos que
dicho problema encierra.
C) Si
un amigo o conocido se droga. ¿Cómo
se puede ayudarlo?
Acercarse al individuo con afecto y comprensión (esperar el momento
oportuno, cuando no esté drogado y se encuentre lúcido) y
aconsejarle que lo hable con sus padres y juntos busquen orientación en
algún programa de rehabilitación,
en un centro especializado. En caso de no existir
familia con la cual sincerarse y pedir ayudar, el adicto debería
acercarse sólo o acompañado por un amigo a un centro de rehabilitación. Generalmente
un adicto no logra solo y sin ayuda de expertos en la materia, rehabilitarse
dejando atrás su adicción. Es necesario que recurra a un programa
de rehabilitación.
D) ¿Cómo
ayudar a un drogadicto?
Enfrentemos el problema, no nos dejemos dominar por el pánico
o por nuestros prejuicios y no rotulemos al individuo de "vicioso".
El adicto es un enfermo que puede curarse.
No lo hostiguemos ni lo rechacemos en actitud moralizante.
No rompamos el diálogo, estemos en actitud de escucha
a pesar de su rechazo y de sus silencios.
No neguemos el problema (es más fácil y sencillo
a veces negarlo que enfrentarlo), sepamos que va a ser ardua e intensa la labor
requerida para sacar a flote al adicto y siempre
con la ayuda de entidades dedicadas a la drogadependencia. No
ocultemos la situación ni actuemos como cómplices.
Podemos ayudar a un amigo o familiar a que hable con
sus padres, que recurra a algún centro especializado para
que lo asesoren y orienten y podemos sobre todo estar a su lado con calidez y
afecto, tratando de hacerle ver los lados positivos de la vida para que opte
por ella.
ASESORAMIENTO Y ORIENTACIÓN PARA
PADRES
Una vez leí algo muy sencillo y muy cierto a la vez,
quien lo escribía era una conocedora del problema de la
drogadependencia, la profesora Victoria Bitar de Fernánadez: "A los padres
les diría que tengamos mucha comprensión y mucha paciencia
porque es una situación compleja".
El Dr. Olievenstein decía también: "Hacer la escalada
de la droga es fácil y rápido, y hacer
la desescalada es largo, doloroso, rodeado de muchas recaídas y
mientras tanto, la vida de todos los días no cesa hacer su curso; aún
en el grupo el joven está solo y la palabra de
padre, la presencia de la madre en los períodos críticos
es irreemplazable; y más allá de las
palabras, lo que se puede sentir, lo que realmente cuenta, no es lo que digan
los demás, sino el bienestar y el equilibrio del hijo". Descubrir
a tiempo los primeros pasos hacia la drogadicción
puede evitar que el hijo caiga en el problema del consumo
de drogas.
La mayoría de los consumidores de drogas van
presentando progresivamente una serie de síntomas:
-Cambios de conducta.
-Palidez.
Tendencia a la abulia.
-Falta de apetito o aumento exagerado de este.
-Inasistencia escolar.
-Disminución del rendimiento intelectual y escolar o abandono
de sus actividades.
-Amistades nuevas de aspecto notoriamente diferente del resto de sus
compañeros habituales.
-Ataques de furia, agresividad, o extraña pasividad y tristeza,
conductas antisociales.
-Deshonestidad, tendencia a mentir.
-Dificultad extrema para comunicarse.
-Alteraciones en el sueño; los chicos comienzan a dormir más
durante el día que durante la noche.
En cuanto a la duración, se produce la somnolencia (suelen dormir
10, 12 o hasta 14 horas), o bien insomnio acompañado generalmente
de la excitación y la euforia.
-Alteración en el ritmo y en el horario de las comidas. No respetar
el horario de almuerzo o de cena familiar.
-Abandono de los hábitos de higiene. A medida que los chicos comienzan
a internarse en el submundo de la droga,
algunos de ellos suelen volverse descuidados en el vestir, desprolijos,
sucios y empiezan a cambiar su habitual apariencia física.
-Cambios del vocabulario.
-Problemas de conducta en el trabajo o en el colegio.
-Pueden notarse en el hogar la falta de dinero u objetos de la casa o
pertenencias de cierto valor (joyas, electrodomésticos, ropa cara,
etc.)
-Visión egocéntrica del mundo y realidad
distorsionada.
-Intolerancia ante la más mínima frustración.
-Disminución de la voluntad ante situaciones nuevas.
-Enfrentamiento agresivo de las dificultades o bien el no Enfrentamiento
de las mismas.
OJO: Mucho de lo mencionado sucede en jóvenes
no vinculados
al consumo de drogas y suele
conformar parte de la revolución interna y externa por la cual atraviesa
un adolescente.
Agregaría además que no es la aparición de uno de
estos signos lo que indica drogadicción, sino
la conjunción de varios de ellos dentro de un medio que favorece
la aparición del problema.
Cuando un joven se vincula al consumo de drogas, la
mayoría de los padres reaccionan con angustia e impotencia por
no saber qué hacer.
Con sentimientos de culpa y quizás con fuertes reproches ya que
no es fácil aceptar que el hijo es drogadicto.
Luego deberían tomar la iniciativa de entrar en contacto
con especialistas para su tratamiento.
Se debe procurar hablar con el hijo teniendo presente que se trata de
un enfermo. Es una etapa difícil, muchas veces frustrante por
la resistencia y negación del problema.
Conversar, hablar francamente y tratar de averiguar las causas del uso
y abuso indebido de drogas,
la frecuencia, el tipo de droga y los trastornos que
padece su hijo. Ser comprensivo, el adicto necesita
comprensión, mucho amor y paciencia de su familia.
También sería necesaria una terapia familiar para
entender y apoyar el tratamiento de recuperación. (Entre
otras cosas los padres deben aprender también a no ser permisivos,
cómplices, y a poner los límites adecuados).
Los padres que castigan a sus hijos cuando éstos les cuentan sus problemas,
son antes que nada individuos con conflictos personales como familiares
y necesitan ayuda para así poder obrar coherentemente
en relación a la problemática de la drogadependencia.
Es importante que el joven inicie su tratamiento para
a partir de allí poder articular alguna modificación.
Ahí es él quien va a encontrar su proyecto de vida y podrá responderse
los interrogantes que tiene.
Es importante en el caso de que el adicto no quiera
tratarse, que la familia sí se trate ya que se
puede producir modificaciones en la estructura familiar. Y quizá,
más tarde el adicto se acerque también
al tratamiento.
¿Qué pasa si la familia no cambia?
Al adicto le puede costar mucho más recuperarse.
Así como la familia se enferma, ella misma puede lograr curarse.
Aunque a los padres les cueste mucho, tienen que asumir que la familia
está enferma.
Los padres ante la problemática de la drogadicción
en el hijo, primero tienen que acercarse a sí mismos,
replantearse acerca de sus roles como personas. Recién después
con sinceridad, pueden abordar el problema del hijo.
Los padres deben conocer el alcance del problema de
las drogas en su comunidad y en las
escuelas de sus hijos; entrevistarse con los padres de amigos de sus
hijos o compañeros de clase y evaluar la problemática dentro
de la escuela (averiguar qué jóvenes son los consumidores
de drogas y quienes las suministran).
Los padres que sospechan que sus hijos están consumiendo drogas deben
dominar sus sentimientos de ira, resentimiento y culpabilidad.
Muchas veces niegan las evidencias y posponen el enfrentamiento con sus
hijos; pero mientras más pronto se detecta y aborda este
problema, menos difícil será vencerlo y es por
eso que deben:
-Elaborar un plan de acción; consultar con las autoridades escolares
y otros padres.
-Analizar sus sospechas con sus hijos tranquilamente, de una manera objetiva.
-No enfrentarlos mientras se hallen bajo el influjo de alguno droga.
-Imponer medidas disciplinarias que ayuden a apartar al joven de las
circunstancias en las que podría consumir drogas.
A la posesión de accesorios relacionados con las drogas,
como pipas, papelillos para armar cigarrillos, jeringas, colillas, semillas,
restos en ceniceros o dentro de los bolsillos.
A los olores a drogas, aroma a incienso u otras fragancias
para despistar.
Detenerse a observar el manejo y la forma de administrar el dinero que
tiene su hijo, posesión de importantes cantidades de dinero y
de aparatos (motos, relojes, grabadores, etc.) de dudosa procedencia.
No dé lugar a que sospechas que usted puede abrigar respecto de
sus hijos lesionen la relación de confianza que es conveniente
que con ellos mantenga.
Esa confianza que es bueno que exista entre padres e hijos es un factor
netamente positivo y, por supuesto, puede ayudar a ambas
partes.
Si usted se entera que su hijo consume drogas no se dedique a buscar
culpables.
Tampoco permita que el temor lo paralice; no actúe tímidamente
o con indiferencia.
Hágale saber a su hijo porque razón esté preocupado
y exprésele el deseo que usted tiene
que ayudarlo para solucionar los problemas que pueda estar viviendo.
ACTITUD PREVENTIVA
Creo que un padre puede ayudar
a sus hijos a resistir la presión de compañeros consumidores
de drogas, supervisando sus actividades, conociendo a sus amistades
y hablando con ellos sobre sus intereses y problemas.
Cuando los padres tienen un interés activo en la conducta
de sus hijos, en su sentir y pensar, les proporcionan
una guía, y apoyo necesarios para no caer en el problema de la drogadicción.
Los padres deben conocer la ubicación, actividades y amigos
de sus hijos.
También deberían estar dispuestos a dialogar sobre drogadicción con
conocimiento. Es mucho mejor para los jóvenes obtener información
de sus padres que de sus compañeros en la calle.
Creo que los padres deberían seleccionar lo que los chicos ven
en televisión y en el cine, en particular a aquellas propuestas
que presentan a las drogas como algo encantador y emocionante.
Sería positivo que los padres auxiliaran a la escuela en la supervisión
de la asistencia de los estudiantes y planificando y haciéndose
presentes en las actividades, grupos y reuniones patrocinadas
por el escuela. Me refiero fundamentalmente a Trabajar de la mano
con los educadores para estar al tanto de la conducta
de sus hijos. Los padres deben dar un buen ejemplo a sus hijos
evitando incluso por su propio bienestar todo tipo de adicción nociva, deben
explicarles a una edad temprana los riesgos y consecuencias del
consumo de drogas, reforzando esta enseñanza durante
toda la adolescencia; alentar la autodisciplina haciéndolos responsables
a los jóvenes de sus adicciones; establecer patrones
de conducta con respecto al consumo de bebidas
alcohólicas, las citas con compañeros del sexo
opuesto, hora de llega y actividades que no son visibles.
Poner límites cuando es necesario.
Estimularlos a mantener sus convicciones y objetivos.
RESUMIENDO:
Los hijos deben sentirse capaces de discutir el problema de la
drogadicción sin temor a ser rechazados.
Deje Usted bien claro ante ellos que usted no aprueba el consumo
de drogas y que si ellos están haciéndolo, usted
los sigue queriendo igual que antes.
Recuerde que si la relación familiar es franca y comunicativa y
usted tendrá menos dificultades para ayudar
a sus hijos a que sin la utilización de drogas enfrenten
la vida y desarrollen el amor propio, el amor al prójimo y el
optimismo.
En ningún caso trate de ocultar el problema o de minimizar
o subestimar a la drogadependencia.
Entienda que sus hijos y todo su núcleo familiar necesitan
la ayuda de terceros, de un programa especializado en
el tema.
ACTITUD PREVENTIVA
¿Cómo pueden evitar los padres que su hijo consuma drogas?
Dando importancia a la unidad familiar, procurando estar con sus hijos,
participando de algunas actividades desde la infancia, como un proceso
natural de interés y cariño.
Compañerismo.
Apoyar y reconocer las buenas acciones de los hijos, por insignificantes
que sean y crear el sentido de autoestimación.
Respetar la libertad de los hijos pero poner límites cuando sea
necesario.
También nos encontramos con aquellos padres que se drogan o alcoholizan.
Son personas con problemas profundos y que quizás
no reconocen su propia enfermedad; seguramente presentan distorsiones
y confusiones a sus hijos.
Estos padres son los primeros que deberían iniciar un tratamiento de rehabilitación.
¿QUE HACER?: PREVENIR
La alternativa válida, frente a la drogadicción consiste
en que todas esas energías que el adicto empleaba
y encauzaba en forma autodestructiva, alimenten una transgresión cabal,
es decir que el formidable potencial transformador de los jóvenes se
corporice en hechos que constituyan los cimientos de una sociedad más
justa.
Erigir un destino colectivo auténtico, concreto y decoroso exige
la intervención protagónica de aquellos que buscan un horizonte
hacia el cual marchar.
Este problema no se resuelve sólo a nivel de
policías, jueces, políticos o médicos. Se resuelve
con la participación de toda la comunidad, con la participación
de las familias tengan o no hijos drogadictos.
Hablo de abordajes preventivos y no represivos.
Con respecto a prevenir está probado que la solución
en cuanto a consumo y abuso de drogas no
consiste en contar cuentos de terror ni en drásticas prohibiciones.
Tratemos de no infundir temor sino de favorecer las actitudes positivas.
Por eso, cuando un padre dedica tiempo a escuchar y cuidar a sus hijos
o cuando un docente lo hace con sus alumnos, están, sin duda ayudando
a prevenir la drogadependencia, y también
otros males.
Asimismo, cuando estamos junto al necesitado, en los momentos difíciles
que puedan atravesar, brindándoles nuestra comprensión,
consejo y apoyo, estamos también colaborando para evitar la
drogadicción.
Y cuando la escuela, el club, al iglesia, la comunidad toda,
son capaces de brindar opciones, de estar abiertos a las inquietudes
de los jóvenes que se hallan en la búsqueda de su espacio social;
obran a su vez como factores preventivos de la drogadependencia.
La prevención aplicada de cualquier actividad,
situación o estado, tiene que pretender siempre, desde el punto
de vista socio-sanitario, armonizar, defender y aumentar la salud, entendiéndola "no
como simple ausencia de enfermedad" (OMS), sino como un estado armónico
individual y colectivo físico, mental y social.
La auténtica prevención, va dirigida a
evitar la aparición del trastorno o el aumento de la "causa",
favoreciendo medios de protección para los grupos
más expuestos y para la salud general.
Los medios de prevención primaria se dirigen,
a grandes colectividades, aunque determinadas acciones solo recaigan
en la población de mayor riesgo.
El enfoque psicosocial considera que la drogadependencia está determinada
por la presión de grupos de referencia y pertenencia,
por la posición social del producto y por el
propio papel del sujeto y sus actividades; cualquier cambio de conducta precisará, pues,
algo más que una información veraz y objetiva.
El razonamiento sociocultural insiste en que la drogadicción está condicionada
por factores socioeconómicos y culturales, por lo que será necesario
un cambio profundo en las estructuras.
El enfoque jurídico presupondría que una estrategia de
castigo y su temor consiguiente, aparte de la censura moral de la sociedad
hacia el castigado, conducirá a la extinción de la conducta
indeseable del toxicómano.
La filosofía auténticamente preventiva de la salud pública
ha de conllevar a armonizar y articular todos los enfoques mencionados
en una sola dirección, la erradicación del conflicto.
En materia de drogadicción, en un principio,
no se recomienda el empleo de los medios de comunicación social masivos
en las campañas de prevención ya que pueden
actuar como reveladores e informadores peligrosos para
sectores de la población indefensos por su edad o por su formación.
Las técnicas de prevención habrán
de dirigirse, en este caso, hacia grupos selectivos
de la población como profesionales en el área de salud,
educadores (maestro, profesores, etc.), asistentes sociales,
asociaciones, salones parroquiales, etc., imponiéndose como límites
de asistencia la mayoría de edad legal.
También se han demostrado eficaces los cursillos impartidos a grupos
escolares por educadores motivados.
Es un sistema lento, pero parece eficaz si se simultanea con campañas
de información sobre drogas legales (alcohol y
tabaco) y una mentalización de los padres para que no las consuman
ante sus hijos.
Debemos señalar como contraproducente las campañas institucionales
contradictorias, en las que se condena públicamente la
droga ilegal mientras, también públicamente la
publicidad sigue bombardeando al consumidor sobre las excelencias de
otros tóxicos "legales" como el alcohol o
el tabaco.
Está demostrado que la única forma segura y científicamente
previsible de reducir el uso de las drogas ilegales es
precisamente reducir el uso de todas las drogas en general.
El conocimiento de los posibles efectos, así como
las conductas a adoptar ante el drogadicto,
son sin duda factores que ayudan a disminuir la extensión
de este fenómeno.
La prevención primaria del fenómeno drogadicción comienza
con la mentalización por parte de la población en general,
de que no es únicamente droga aquello que existe
al margen de la ley.
Desde mi lugar de trabajo, voy a detallar cuales son las actividades
que llevamos a cabo en materia de prevención:
-Charlas en colegios, clubes, sociedades de fomento, instituciones en
general.
-Cursos de formación y capacitación para docentes y asistentes sociales.
-Entrevistas en medios de difusión.
-Conferencias disertando con otros panelistas. (Enfoque
multidisciplinario).
-Edición de revistas, libros, etc.
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