El Paraíso - Comunidad Terapeutica para el tratamiento de adicciones



Rehabilitación de adicciones
 >>¡No deje pasar tiempo! ¡¡Consúltenos ya!! Haga click aquí<< 

Teléfonos: (011)4544-0503 / (011)15-5889-6164
Desde el exterior de Argentina: 54-11-4544-0503 / 54-11-15-5889-6164

COMUNIDAD
TERAPEUTICA

 

Haga click aquí para volver al
Indice de Notas y Artículos

Comunidad Terapeutica El Paraiso

166-LAS ADICCIONES EN 1920/1930

LAS ADICCIONES EN 1920/1930

Inspirado en Federico García Lorca (sus frases, sus ideas, sus descripciones).

 

En la adicción veo el óxido.
El oxido espiritual, el óxido del alma y el cuerpo oxidado.
La adicción es muerte y sólo muerte.
La adicción responde a una herida, es una agonía que pide ataúd con toda una muchedumbre sedienta de imprudencia.
Es una niebla espesa que duerme sin fin tropezando en una larga y oscura vacilación.
La adicción penetra por los ojos, por los oídos, por la boca, por la nariz dejando a esos lobos de penumbra entre los nublados herodes de los agujeros sin fondo.
Deja el pecho hundido, los cuerpos sin descanso posible, las expresiones empapadas en lágrimas, las riendas quebradas y el intelecto congelado.
La adicción es un entretenimiento para que la persona se acostumbre a dialogar con la muerte.
Enseña el deterioro y ata con dominación.
El adicto aún apagado destroza. Su apetencia de muerte es como una brisa triste que acerca siempre el desistir; lo une y mantiene al mundo de la informalidad que la adicción propone.
Es una enfermedad con sombras, heridas, soledad dentro de ese amor oscuro que enturbia el intelecto y enajena el alma.
La adicción es un fuego que devora, una angustia y una pena que conforman un pasaje gris entre las ruinas de la amargura.
La drogadicción, el alcoholismo, la violencia familiar y/o social, el juego compulsivo y el delito marchitan al inmoral.
El inmoral no es inmortal.
Conoce las sombras, no las evita, sufre en su propio duelo llorando sus penas asesinando sus sueños e idilios de su niñez.
Se marchita, se pierde; busca perderse en la noche oscura del alma sosteniendo sus muros de dolor.

García Lorca describió muy bien en aquellos años treinta los dolores del alma, las tinieblas del espíritu y las contradicciones del intelecto.
Las adicciones proponen grietas, penas, espinas y azotes, arrastrando a los “seres de espíritu congelado” hacia el fuego que debora, el llanto que decora, la ruina de la ausencia y el temblor del hundimiento.
Todas las adicciones hunden, persiguen hasta el confín, proponen perdidas, turbios razonamientos; desdén, quejas, agonías y debilidad.
La adicción es una cadena, una mordedura profunda, una mordida dolorosa y feroz.
El delirio invade la cabeza, el nervio desatado en pleno duelo a muerte convive con la peor fiebre; así se quema y se consume la persona adicta.
Al adicto se lo ve como una calavera que busca desesperadamente el abismo.
Se revuelca en un barro oscuro siempre intoxicándose con bebidas alcohólicas, con vagancia, con vacío interior y desagradables modales, con consumo de drogas y presentación de mentiras, violencia y malas compañías.
En la esquina de la pena vemos sus llagas, quemaduras y su oscuridad desatada.
El adicto es un malviviente entregado al oscuro amor que su enfermedad le propone.
Es un desplazado, un autodesplazado con una cotidianeidad y un futuro irreversible.
El adicto, harto de pisar la tierra y con toda su muerte a cuestas busca el amanecer mientras se quema.
Sus sueños lo desorientan porque son fantasías que acompañan su propia enajenación.
El adicto es un desorientado, quemado, fantasioso, enajenado.
Si no se rehabilita puede terminar mostrándose deteriorado, quejoso, como un gusano que se arrastra con su sufrimiento. Como un tronco sin ramas destilando veneno en su ocaso, devolviendo sombras en su agonía.
El adicto quiebra todos los pactos y convenios, ladra sus amenazas y se desangra en la noche oscura recibiendo su propio castigo.
El adicto es un castigo, sus palabras y sus conductas son un encadenamiento de castigos.
Es un ser desatado que viene hilando dolores y tristezas, siempre sintiéndose herido, a veces soñoliento se castiga dentro de esa selva oscura donde comparte la tempestad con bestias destrozadas, con borrachos, dolientes, fanáticos descontrolados.
El adicto es un enfermo que ama la tempestad, se convierte en un abandonado polvoriento que acumula malestar y destila temblor.
Es un desafinado espiritual lleno de broncas con una adicción que lo convierte en un fracasado, despintado y herido, lleno de arrugas e impurezas en su alma en el fondo esta asustado porque no sabe vivir, no soporta la vida. Está convencido que la existencia se condimenta taladrándose el cuerpo.
Se deteriora, siente un vacío; intoxicado escarba su alma psicotizada con espinas, tragos, sobredosis y violencia.
Un grupo de adictos se convierte en un montón de esqueletos antes de tiempo. Los adictos son “polillas” que se dedican a hacer agujeros en sus familias y en la sociedad.
Necios que creen viajar a las regiones del misterio.
Burlones que hacen sus cacerías en la insatisfacción. Espíritus incivilizados, serviles en aguas turbias, drogados se los ve feos y odiosos; alcoholizados muestran melancolía, tristezas, dolores y amarguras que entierran la buena fe.
Schopenhauer decían que los libertinos enajenados se parecen a engendros satánicos, a gatos enfurecidos, tienen algo de búhos y de serpientes.
Son cascarrabias horribles con caras de bribones.
Estas características de personalidad, descripciones, evaluaciones e interpretaciones no pretenden ser despectivas, discriminatorias o exageradas.
Ochenta mil drogadictos encarcelados por matar, robar, agredir, lastimar, traficar, contrabandear; tres millones de alcohólicos y de drogadependientes perturbando y molestando a sus familiares, a sus vecinos. Decenas de accidentes automovilísticos por mes con heridos y muertos ocasionados por conductores ebrios y drogados.
Un millón de vagos y mantenidos.
¿Es o no es peligroso el adicto?
El 95% de los ladrones a mano armada consume drogas y/o alcohol. Muchos de ellos usan sus armas tiroteándose con la policía, matando e hiriendo a personas que se resisten al asalto; la promiscuidad los lleva a adquirir y luego contagiar HIV, hepatitis, tuberculosis, etc.
Ahora bien ¿Cuál era la situación de los adictos en 1920, 1930, en aquellas épocas que nos describe García Lorca?
Los morfinómanos se enfrascaban “tumbados” como decía Lorca en aguas turbias, deshechos, huraños, feos o afeados y semimuertos.
Algunas estadísticas imprecisas mencionan a 150.000 “dominados” inyectándose 2 y 3 veces diarias en Europa Central.
Los lujuriosos, libertinos, las huestes de Mefistófeles se entregaban al consumo, abuso y dependencia de alcohol. En su ebriedad y desenfreno pretendían avivar sus almas, curar sus tristezas con gestos muy poco distinguidos.
Burlones, incontenibles, vacíos y arrugados consumían ebriedad, fumaban opio, se inyectaban heroína y experimentaban prácticas sexuales degradadas con prostitución, homosexualidad, promiscuidad, bisexualidad, apuestas, juego clandestino, servilidad, violencia y paganismo.
Pagaban para revolcarse, relajarse en la ofensa, compraban castigo corporal y se vendían de maneras baratas a diario.

 

 

CENTROS DE REHABILITACION PARA ADICTOS
tratamiento de rehabilitación de adictos
centros de rehabilitación de adictos

 
 

Haga click aquí para volver al
Indice de Notas y Artículos

Comunidad Terapeutica El Paraiso