Los hombres y mujeres que viven en este planeta aferrados a la dipsomanía o la drogadependencia no son libres.
Estoy profundamente convencido de que todas las personas drogadependientes merecen ayuda.
Ayuda médica, psicológica, psicoterapéutica, ayuda religiosa, familiar, social.
Creo que una clínica para la internación de drogadependientes sirve para desintoxicar al individuo impedir que continúe drogándose pero considero que la comunidad terapéutica de puertas cerradas con orientación religiosa es el único medio ciento por ciento eficaz que tienen adicto para alcanzar la paz y la prosperidad sobre esta tierra.
Vemos una gran abundancia de riqueza humana, riqueza espiritual y riqueza moral en la población del centro de rehabilitación en drogadependencia cuando los adictos llevan en tratamiento períodos mayores al año.
El tratamiento de rehabilitación para drogadependientes es un hecho que ha suscitado gran emoción en los familiares de los adictos porque, frente a la indecente actitud del bigardo, la remodelación conductual transforma en aras del beneficio ético, estético, psicológico y espiritual.
Las clínicas para drogadictos sirven inicialmente para compensar a los desequilibrados pero es la comunidad terapéutica quien eleva y dignifica.
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