La prueba de que estamos en el camino de Dios es la solidaridad de los drogadependientes que se encuentran en tratamiento de rehabilitación por la drogadicción, el calor y la cordialidad con que reciben a sus terapeutas, visitas y familiares.
Cumpliendo con sus deberes morales, teniendo fe en los principios religiosos y psicoterapéuticos de la comunidad terapéutica conservan la solidaridad.
El programa de reeducación y de enriquecimiento cultural nos permitió leer y debatir en los talleres literarios una amplia variedad de temas como las Confesiones de San Agustín, la gran batalla de Martin Luther King por los derechos civiles, las enseñanzas de Cristo, la biografía de Gandhi, las ilusiones de Santo Tomás Moro, en un camino muy largo para mejorar las condiciones de vida de los adictos, los enfermos, los pobres y desprotegidos.
Las clínicas y comunidades terapéuticas mejoran la calidad de vida de niños (hijos de los drogadependientes), ancianos (padres o abuelos los adictos) en este mundo tan lleno de injusticia en donde la adicción promete un falso cielo.
Nosotros aspiramos a un cielo con dignidad con justicia y hermandad donde el encuentro con Dios nos garantice que tengan ciudadanía todos los valores que favorecen a la comprensión y al amor por la vida digna. |