Sabemos que el drogadependiente no tiene siempre un sincero interés en cambiar como persona.
En el tratamiento de rehabilitación para drogadependientes se viven diversos momentos, de mayor o menor comprensión en los cuales distinguimos como la atención y el fervor prepara para el encuentro consigo mismos y ante todo con Dios.
El drogadicto aprende en su psicoterapia, en las clases, seminarios y actividades terapéuticas como, cuando se dedicaba a envilecer los valores desafiaba la fe.
El envilecimiento de la adicción es un desafío a la fe y una limitación que niega incluso la oportunidad de sentirse útil en la sociedad partiendo de la fe y la capacitación personal.
Las clínicas puede ser de gran utilidad, las Comunidades Terapéuticas promueven la dignidad del hombre.
Madame Curie me enseñó cómo en aquellos años de 1900 abandonar los estudios significaba traicionarse así misma.
Hoy en día traicionar al tratamiento es intrínsecamente perverso porque no sólo destruye la obra creada por Dios sino que aniquila también la esperanza familiar.
Abandonar un tratamiento de rehabilitación para la drogadependencia impide conciliar la dignidad, el desarrollo y la realización completa del ser humano como Dios propone. |