Existe una violencia que destruye la vida de los drogadictos y los más débiles.
Creo que es una violencia irracional que actúa en favor del deterioro.
La drogadicción encarcela, hiere, enferma, mutila y aniquila.
Las clínicas para la atención de drogadictos inicialmente funcionan como instrumento que cambia una realidad dolorosa porque medica, atiende y contiene a los drogadictos descarriados pero en la comunidad terapéutica quien en los últimos 30 años le dio de comer a los hambrientos, vistió a los desnudos y curó a los enfermos.
Las acciones definidas como signo de amor al prójimo son al mismo tiempo la esencia del tratamiento.
El grupo de drogadictos que se encuentra internado en un establecimiento para drogadependientes es un sector de la humanidad que vive de manera privilegiada.
Las comunidades terapéuticas forman parte del escenario que Santo Tomás de Aquino justificaba como propuesta de vida claustral para el estudio, el conocimiento de Dios y el enaltecimiento del alma.
Martín Lutero quería que los seres humanos compartieran sus cosas partiendo del amor y ése es el espíritu de la comunidad terapéutica religiosa que es la consecuencia de un pensamiento y de un compromiso de lucha frente a las desgracias que padecen los drogadictos, los alcohólicos y sus familiares. |