La drogadicción es un ejemplo atroz del daño que un ser humano puede hacerse a sí mismo y a los demás.
De todas las instituciones especializadas en drogadependencia, el doctor Claude Olivenstein (especialista francés y docente internacional) nos enseñó desde 1960 a la fecha que las comunidades terapéuticas presentan las formas y métodos más eficaces para salvar a los adictos.
La comunidad terapéutica no es un sistema monárquico o algo parecido sin una microsociedad que tiene leyes, normas de convivencia, reglamento, constitución y procedimientos para salvar a cada individuo, que es una identidad irrepetible por las características extraordinarias que tiene: personalidad, inteligencia, carisma y salud.
El tratamiento para la rehabilitación de drogadictos impide que la persona adicta se consume y se extinga; le da un carácter, una indignidad y un impulso convirtiendo al cadaver en un ser sumamente abierto, vivaz y brillante.
Se crea de inmediato un ambiente de confianza, de sinceridad y amistad con los demás compañeros de tratamiento que funda en la conciencia la labor de llevar a cabo una contribución decisiva al éxito de la rehabilitación.
El drogadicto responde plenamente con un comportamiento cálido, disciplinado y tolerante pronunciándose con crudeza en la escena de la autocrítica. |