Sabemos que algunas instituciones para la rehabilitación de adictos hablan del amor, de valores morales, espiritualidad, paz, liberación, de derechos humanos pero después en la práctica las vemos duras, frías y demasiado disciplinarias.
Al adicto debemos acogerlo con estima y simpatía, con alegría y respeto, con calidez y armonía para que interpretando las exigencias y las aspiraciones pueda defender la libertad y los derechos que conducen a las personas a apreciar las contribuciones éticas de la comunidad terapéutica en el tejido social.
Los centros de rehabilitación para adictos formulan la reivindicación de las personas politoxicómanas en la psicoterapia o la religión. Éste es verdaderamente uno de los puntos de divergencia porque existe una línea netamente psiquiátrica y psicológica que responde siempre en términos terapéuticos mientras que las comunidades terapéuticas religiosas tienen expresiones basadas en la palabra de Dios.
Algunos adictos no se identifican con ninguna institución religiosa en particular para terminar reconociendo que las comunidades terapéuticas tocan problemas reales considerándose intérpretes de las aspiraciones personales, familiares y sociales.
El adicto comienza a crecer dándose cuenta que es protagonista de su destino, descubre la soberanía de su intelecto, la solidaridad, el amor, los derechos familiares y la reconciliación con Dios. |