He vivido experiencias personales me permiten apreciar ciertos aspectos criticados del pensamiento que diseña el panoptismo o la vida claustral.
Creo que la vida de encierro y aislamiento en ciertos casos nutre la esperanza hacia la realización de una vida mejor.
Con la seguridad que brinda el talento y las convicciones profundas, la fe absoluta en las ideas con toda la conciencia y el respeto del mundo, la comunidad terapéutica da gracias a Dios, Señor de la historia y de los destinos, para encontrar eficacia y profesionalismo en la ardua tarea de reunir o revincular a los adictos con el mundo de la cultura y la religiosidad.
Las comunidades terapéuticas de puertas cerradas con orientaciones religiosas son testimonios, sedes y protagonistas excepcionales de sucesos memorables para el bienestar social, la cultura y educación.
No creo exagerar si pienso y digo que de una u otra manera la comunidad terapéutica de puertas cerradas simboliza la tradición científica, didáctica, cultural y psicoterapéutica ya que reúne métodos, herramientas, formas, técnicas y escuelas terapéuticas de variadas procedencias y culturas como el conductismo, la terapia sistémica, elementos de escuelas psicoanalíticas, terapia estructural y estratégica, psiquiatría, psicología clínica, psicología social, terapia ocupacional, religiosidad, etcétera. |