Leyendo (en abril del 2008) a Karol Wojtyla/Juan Pablo II me informé que en el siglo XX la humanidad se cuadruplicó, también sus vicios, pecados y enfermedades.
Aquellos que tienen hambre y sed de justicia son millares de millones como también son cientos de miles los que se drogan en cada país llegando a ser millones los politoxicómanos en países donde la drogadependencia encontró tierras fértiles.
Admiro las declaraciones del Papa sobre el caso Galileo, sobre los errores de la Santa Inquisición, sobre los sangrientos episodios de las Cruzadas y sobre los abusos cometidos durante la conquista de América, pero personalmente creo que cada religión e Iglesia debería crear y mantener muchos eficientes y variados centros para las internaciones de drogadependientes como las comunidades terapéuticas de puertas abiertas, los tratamientos ambulatorios, los retiros espirituales, hospitales de día, consultorios psicológicos, psiquiátricos y las tan requeridas comunidades terapéuticas de puertas cerradas que renuevan nuestras esperanzas a fin de que podamos elevar siempre los ojos al cielo aún en medio de la ansiedad y de las desilusiones provocadas por el dolor, los fracasos y las vicisitudes de la vida cotidiana junto al o los adictos. |